Tomamos un bus en la Terminal de Albrook, Panamá- Colón Corredor e àincreÃÂblemente en menos de 40 minutos estábamos en el Rey de Sabanitas, pero decidimos irnos hasta la Terminal de la ciudad de Colón para tomar el bus hacia Portobelo desde allÃÂ.
Por un momento nos sentimos desorientadas, pero ya dentro del bus todo fue más fácil. Después de mucho reggae, buhoneros cantantes, y algún buen tiempo en el autobús, llegamos a Portobelo.
Dimos un paseo por las ruinas y la iglesia del cristo negro, conocimos un mono cariblanco ày caminamos hasta el puerto del Fuerte de Santiago de la Gloria (las ruinas que están en la entrada del pueblo, mirando hacia la bahÃÂa) donde tomamos un bote, cuyo precio àfue de 25 dólares por las dos, Evelin y yo, ida y vuelta.
Después de 10 minutos en lancha, de una preciosa vista del Atlántico, yates, casas de veraneo y botes inflables rápidos, llegamos a nuestro destino, Playa Huertas, tan pequeña que dijera ââ¬Åpersonalââ¬Â, aguas verde claro a turquesa, el bosque que rodea es tupido, invitante, húmedo, toda el área forma parte del Parque Nacional Portobelo.
Hay un espacio racional donde se puede acampar y dejar las cosas personales, no hay agua disponible. Playa Huertas es genial para hacer buceo, con mucho cuidado, pues se han visto barracudas y anguilas morenas en variadas ocasiones.
El mar es bastante tranquilo y no hay muchas olas, por lo que dificultarÃÂa el surf. En los alrededores hay monos aulladores, en la fauna de la playa se pueden ver pelÃÂcanos grandes pescando, cangrejos, peces saltadores, entre otros.
Hablamos con los boteros y se comprometieron a venir a buscarnos a una hora indicada, pues éramos las únicas en la playa y está bastante difÃÂcil salir de allàcaminando, que digo difÃÂcil, es casi imposible, asàque con algo de miedo nos quedamos solas, disfrutando de lo rico de las aguas, en intimidad total. Es buena idea tomar el número de teléfono del botero o de alguien conocido en el pueblo de Portobelo.
A la hora indicada nos fueron a buscar, sin minutos de retraso. Llegamos a Portobelo y pernoctamos en un restaurante al lado del puerto donde nos atendieron como reinas, con comida deliciosa y nos consiguieron que dos señores nos llevaran hasta la Ciudad de Panamá muy amablemente.