En Calobre una de las principales actividades es la cosecha de la sandÃa, que en gran parte es exportada al extranjero, y es la mejor de Panamá gracias a la tierra algo árida de este distrito.
Al salir del Salto, seguimos en la carretera hasta ver el RÃÂo San Juan, al que vislumbramos sólo desde un puente y el tiempo no nos dio para bajar.
Para llegar a Calobre se puede ir por dos rutas: desde Santiago, pasando por San Francisco de la Montaña y luego desviándose hacia Calobre, esto te toma un tiempo de 45 minutos. Si vienes por la carretera Interamericana puedes tomar la vÃÂa que conduce hacia el Jaguito en el Roble y esto te toma un tiempo de 1 hora y 20 minutos hasta llegar a Calobre. Desde la ciudad de Panamá es aproximadamente 3 horas y 15 minutos. Y como decÃa en la valla de carretera “Calobre es un paraÃso por conocer”.
Andando por las laderas de las montañas de Veraguas, nos encontramos con el Salto de San Francisco, dentro de la encantadora comunidad de San Francisco de la Montaña fundada en 1621, a 16 kilómetros de la ciudad de Santiago.
Luego de visitar la antigua iglesia de San Francisco, algunos moradores nos recomendaron conocer el Salto.
ÿDónde queda El Salto? La ubicación es fácil, estando en la Iglesia de San Francisco, se debe ir por detrás de la misma, hacia la izquierda hasta el Idaan, luego seguir a la mano derecha hasta llegar a una cancha improvisada de fútbol, luego hay un jorón y en frente esta el Salto.
Es un paisaje que te deja sin palabras al instante, chorros que caen a una olla de aguas mansas que siguen hasta llegar a un rÃÂo lleno de piedras. En los alrededores se disfruta de mucha vegetación y árboles frutales que acompañan el rÃÂo en su paso.
El Salto forma parte de la ââ¬ÅQuebrada Hondaââ¬Â, y generalmente la gente disfruta de sus aguas refrescantes en verano pues en invierno tiene demasiada fuerza y pueden ocurrir accidentes.
Aunque en verano los chorros del salto se encuentren casi secos, nada impide que se disfrute de las aguas del balneario, mejor aún con más seguridad.
Cuando vayas a San Francisco de la Montaña es un deber pasar por el Salto. Recuerda siempre que lo que llevas de basura, te lo debes traes contigo y no dejar nada en el rÃÂo.
Hace algunos dÃÂas, tuve la grandiosa oportunidad de conocer la Iglesia de San Francisco de la Montaña, ciertamente un valle entre las montañas veragüenses, a tan sólo 16 kilómetros de la ciudad de Santiago.
Realmente me dirigÃÂa hacia Santa Fe de Veraguas, pero como para llegar allá se pasa obligatoriamente por el poblado de San Francisco, decidàdedicarle unas horas de mi tiempo a conocer una reliquia más que centenaria.
Este monumento histórico fundado en 1621, fue declarado “Patrimonio Nacional” en 1937, mediante la Ley 29 de 28 de enero, y actualmente se encuentra bajo estudio para ser incluido como “Patrimonio Cultural de la Humanidad” por la UNESCO.
La otra opción es manejar hasta Santiago y luego tomar la Avenida Polidoro Pinzón que esta a la derecha antes del puente vehicular. De allàhasta San Francisco de la Montaña son aproximadamente 16 kilómetros de carretera.
Para el visitante casual, es un modesto poblado de gente dedicada a los trabajos del campo, con hermosos balnearios, una brisa deliciosa que baja de las montañas y una iglesia antigua en la que reposan más de cinco mil piezas talladas a mano en las maderas más preciosas de la región y alojadas en los altares barrocos más antiguos del continente, algunos pintados exquisitamente, otros forrados en láminas de oro.
La Parroquia mide apenas 26 metros de largo por 12 de ancho y atrae cada año a cientos de turistas y visitantes, deseosos de contemplar sus nueve espectaculares altares, su púlpito de madera tallada y conocer asÃÂ, un poco de nuestra historia e identidad.
Los documentos históricos nos permiten saber que la primera iglesia de San Francisco de la Montaña se empezó a construir en el año 1630 por Fray Adrián de Santo Tomás, cuando San Francisco era apenas un conjunto de chozas de paja que contaba con una población de 30 indÃÂgenas.
Pero el poblado fue creciendo. En 1691, ya tenÃÂa 50 habitantes. En 1736, era un pueblo grande de más de 100 casas y 800 habitantes. En el año 1756, tenÃÂa 2,277 habitantes, dos curas, un sacristán mayor, siete notables con sus familias, 33 esclavos, 28 pobladores españoles y mestizos, y 208 familias indÃÂgenas.
Se presume que fue en el año 1773 que se empezaron a construir los altares barrocos y que el periodo de esplendor de la iglesia llegarÃÂa probablemente entre 1864 y 1865, año en el que San Francisco de la Montaña llegó a convertirse en la capital de Veraguas, en virtud de una ley impuesta por el Coronel Vicente Olarte Galindo.
A pesar de su limitada población y lejanÃÂa de los principales centros urbanos, San Francisco de la Montaña destacaba por la fertilidad de sus tierras y por su cercanÃÂa a las ricas minas de oro veragüenses.
La iglesia católica mantenÃÂa enormes campos de cultivo en esta área, asàcomo varios cientos de cabezas de ganado. Los altares de la iglesia fueron ideados como un libro abierto con los que se trataba de impresionar a los nativos y adoctrinarlos en la fe.
Y es que San Francisco de la Montaña no es un sitio cualquiera. Lugar hermoso de noches perfectas, donde la sabana se besa con la cordillera, fue construido sobre una historia fascinante que no ha sido aún escrita.
El sitio donde se ubica la comunidad y su templo pertenece a una región húmeda y selvática, cuyos fenómenos pudieron influir en las lluvias y nacimiento de abundantes cursos de aguas que dan el nombre de Veraguas.
Durante el siglo XVIII, los franciscanos establecieron los servicios religiosos para la comunidad de los guaimÃÂes. Siempre con el objetivo de adoctrinarlos en la fe cristiana, organizaron un calendario de fiestas, tanto civiles como religiosas, en las cuales, hasta la fecha, están involucradas las tradiciones folklóricas aborÃÂgenes, incluyendo el vestido, las lenguas, la música con sus instrumentos autóctonos y teniendo como fondo, en algunas rancherÃÂas, su tÃÂpica vivienda vernácula.
Al entrar a las naves del templo descubrimos cómo el colorido de la forma de vida de este poblado indÃÂgena, asàcomo la exuberancia de la vegetación que los rodea se convierten en hábil talla de rico colorido con efectos de luz y sombra por la presencia del lujoso laminado de oro en esculturas envueltas en ramas y flores.
El púlpito es de madera de cedro y se localiza en la nave central entre los altares de Santa Bárbara y la Virgen del Rosario. Llama la atención la base o columna sobre la cual se sostiene la tribuna por ser una cariátide o indiátide, por sus facciones de chola, envuelta en hojas de acanto y flores.
La capilla Bautismal hace esquina entre la puerta central y la puerta este. Dentro de ella hay una espectacular pila bautismal tallada en piedra con la fecha esculpida de 1727. En un nicho, dentro de esta capilla, se encuentra una talla en madera de San Juan bautizando a Jesús con sus pies dentro de un rÃÂo.
Hace un par de siglos capital del Ducado de Veraguas, San Francisco de la Montaña fue fundado formalmente en 1621 por el sacerdote Gaspar RodrÃÂguez y Valderas, aunque la verdadera fecha de su origen se ha perdido para siempre. Región muy rica en el oro codiciado por los españoles que se acercaron al sitio en 1501 y que durante más de cien años fueron derrotados una y otra vez en batallas que jamás serán contadas y de las que sólo quedan los nombres legendarios que se han repetido por generaciones, como ese del jamás vencido cacique Urracá.
Durante muchos años se ha especulado sobre las razones que llevaron a los colonizadores españoles a construir un templo tan elaborado en un poblado tan remoto.
Hay quienes aseguran que en realidad no es una iglesia, sino una capilla privada construida en los terrenos de un rico hacendado. Pero la verdad es que hay numerosos testimonios escritos que explican perfectamente la razón de ser de esta iglesia.
Parte de esto nos contó amablemente una joven que sirve de guÃÂa y explica una a una las obras talladas y pintadas en la capilla. Cada imagen que llamaba nuestra atención era explicada pacientemente por la joven, quien nos contó que la iglesia aún sigue usándose para algunas misas, lo cual es peligroso e inaudito pues esto produce un desgaste del patrimonio.
Nos habló acerca de una pintura que fue robada hace más de 30 años y aún no ha sido recuperada, pero guardan el espacio intacto por si algún dÃÂa la recuperan.
De esta forma, el templo se convierte en un verdadero relicario por las joyas que guarda. Aquàla sensibilidad aborigen quedó marcada en hondos caracteres sobre los moldes del barroco español, como productos se un autentico mestizaje artÃÂstico.
No esperes más para conocer los patrimonios y monumentos de tu paÃÂs. Es injusto que al entrar a un lugar histórico, uno se tope más con extranjeros que con nativos.
Tomate tu tiempo, saca el momento para viajar un poquito más allá y dar fe de que todo esto existe, de que la historia está plegada aún en las paredes de un lugar tan mágico como la Iglesia de San Francisco de la Montaña.
Horarios para visitar este monumento: 10:00 A.m. a 6:00 P.m. Martes a Domingo
Casa Cural: Tel. 954.21.41