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El Salto de San Francisco de la Montaña, Veraguas

Andando por las laderas de las montañas de Veraguas, nos encontramos con el Salto de San Francisco, dentro de la encantadora comunidad de San Francisco de la Montaña fundada en 1621, a 16 kilómetros de la ciudad de Santiago.

Se dice que los fundadores de este pueblo fueron Fray Pedro Gaspar Rodríguez y Valderas, quien fuera miembro de la orden de Santo Domingo y quien fue conocido como el “Apóstol de los Guaimíes” y estableció el poblado con el objetivo de concentrar a los aborígenes de la región y realizar la conversión de éstos a la fe católica.

Luego de visitar la antigua iglesia de San Francisco, algunos moradores nos recomendaron conocer el Salto.

¿Dónde queda El Salto? La ubicación es fácil, estando en la Iglesia de San Francisco, se debe ir por detrás de la misma, hacia la izquierda hasta el Idaan, luego seguir a la mano derecha hasta llegar a una cancha improvisada de fútbol, luego hay un jorón y en frente esta el Salto.

Es un paisaje que te deja sin palabras al instante, chorros que caen a una olla de aguas mansas que siguen hasta llegar a un río lleno de piedras. En los alrededores se disfruta de mucha vegetación y árboles frutales que acompañan el río en su paso.

El Salto forma parte de la “Quebrada Honda”, y generalmente la gente disfruta de sus aguas refrescantes en verano pues en invierno tiene demasiada fuerza y pueden ocurrir accidentes.

En el balneario también hay bancas en donde las personas pueden hacer su picnic y pasar un buen rato con una linda vista, es importante llevar provisiones ya que no hay establecimientos de comida cerca del área.

Aunque en verano los chorros del salto se encuentren casi secos, nada impide que se disfrute de las aguas del balneario, mejor aún con más seguridad.

Cuando vayas a San Francisco de la Montaña es un deber pasar por el Salto. Recuerda siempre que lo que llevas de basura, te lo debes traes contigo y no dejar nada en el río.

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Iglesia de San Francisco de la Montaña, Veraguas

Hace algunos días, tuve la grandiosa oportunidad de conocer la Iglesia de San Francisco de la Montaña, ciertamente un valle entre las montañas veragüenses, a tan sólo 16 kilómetros de la ciudad de Santiago.

Realmente me dirigía hacia Santa Fe de Veraguas, pero como para llegar allá se pasa obligatoriamente por el poblado de San Francisco, decidí dedicarle unas horas de mi tiempo a conocer una reliquia más que centenaria.

Era día feriado y no tuve la suerte de encontrarla abierta, así que solo la pude admirar desde afuera. Pero luego de algunos días en Santa Fé, y al tener que pasar por la misma carretera, nuevamente me dirigí a la iglesia con positivismo para que estuviese abierta, y efectivamente lo fue.

Este monumento histórico fundado en 1621, fue declarado “Patrimonio Nacional” en 1937, mediante la Ley 29 de 28 de enero, y actualmente se encuentra bajo estudio para ser incluido como “Patrimonio Cultural de la Humanidad” por la UNESCO.

En cuanto a la manera de llegar, hay variadas: en caso de ir en auto tienes dos opciones para llegar a San Francisco de La Montaña, la primera es entrando por la comunidad del Jaguito en Coclé (10 minutos luego de pasar Aguadulce), pasas por Calobre y te desvías hacia San Francisco de la Montaña.

La otra opción es manejar hasta Santiago y luego tomar la Avenida Polidoro Pinzón que esta a la derecha antes del puente vehicular. De allí hasta San Francisco de la Montaña son aproximadamente 16 kilómetros de carretera.

Como distrito, San Francisco está dividido en seis corregimientos: San Francisco cabecera, Corral Falso, Los Hatillos, Remance, San Juan y San José. Tiene una población de más de 10mil habitantes, quienes se dedican a la agricultura, el comercio y la ganadería principalmente.

Al entrar, pude sentir inmediatamente esa paz de parroquia, que en este caso más bien sería una capilla, la imaginé mucho más grande, pues la verdad solo la había visto en fotos. Estaba realmente emocionada.

Para el visitante casual, es un modesto poblado de gente dedicada a los trabajos del campo, con hermosos balnearios, una brisa deliciosa que baja de las montañas y una iglesia antigua en la que reposan más de cinco mil piezas talladas a mano en las maderas más preciosas de la región y alojadas en los altares barrocos más antiguos del continente, algunos pintados exquisitamente, otros forrados en láminas de oro.

La Parroquia mide apenas 26 metros de largo por 12 de ancho y atrae cada año a cientos de turistas y visitantes, deseosos de contemplar sus nueve espectaculares altares, su púlpito de madera tallada y conocer así, un poco de nuestra historia e identidad.

Los documentos históricos nos permiten saber que la primera iglesia de San Francisco de la Montaña se empezó a construir en el año 1630 por Fray Adrián de Santo Tomás, cuando San Francisco era apenas un conjunto de chozas de paja que contaba con una población de 30 indígenas.

Pero el poblado fue creciendo. En 1691, ya tenía 50 habitantes. En 1736, era un pueblo grande de más de 100 casas y 800 habitantes. En el año 1756, tenía 2,277 habitantes, dos curas, un sacristán mayor, siete notables con sus familias, 33 esclavos, 28 pobladores españoles y mestizos, y 208 familias indígenas.

Se presume que fue en el año 1773 que se empezaron a construir los altares barrocos y que el periodo de esplendor de la iglesia llegaría probablemente entre 1864 y 1865, año en el que San Francisco de la Montaña llegó a convertirse en la capital de Veraguas, en virtud de una ley impuesta por el Coronel Vicente Olarte Galindo.

A pesar de su limitada población y lejanía de los principales centros urbanos, San Francisco de la Montaña destacaba por la fertilidad de sus tierras y por su cercanía a las ricas minas de oro veragüenses.

La iglesia católica mantenía enormes campos de cultivo en esta área, así como varios cientos de cabezas de ganado. Los altares de la iglesia fueron ideados como un libro abierto con los que se trataba de impresionar a los nativos y adoctrinarlos en la fe.

Y es que San Francisco de la Montaña no es un sitio cualquiera. Lugar hermoso de noches perfectas, donde la sabana se besa con la cordillera, fue construido sobre una historia fascinante que no ha sido aún escrita.

Los altares de la iglesia, confeccionados en madera fina y por partes cubiertos en oro de 23 kilates, presentan escenas bíblicas, efigies de santos, soportes, dragones y follaje abundante. Estos son: el Altar Mayor, el Altar de Santo Cristo, el Altar de San José, el Altar de la Purísima, el Altar de Las Ánimas, el Altar de Santa Bárbara, el Altar de la Virgen del Rosario y el Altar de San Antonio. Cada uno es más bello que el otro.

El sitio donde se ubica la comunidad y su templo pertenece a una región húmeda y selvática, cuyos fenómenos pudieron influir en las lluvias y nacimiento de abundantes cursos de aguas que dan el nombre de Veraguas.

Fue un misionero de la orden dominica Fray Pedro Gaspar Rodríguez y Valderas quien funda en 1621 el poblado de San Francisco de la Montaña con aborígenes guaimíes de la zona, convirtiéndolo en uno de los más ricos centros poblados de esta región por su cercanía a las grandes minas de oro que hicieron conocer a la región como el Potosí de Tierra Firme.

Durante el siglo XVIII, los franciscanos establecieron los servicios religiosos para la comunidad de los guaimíes. Siempre con el objetivo de adoctrinarlos en la fe cristiana, organizaron un calendario de fiestas, tanto civiles como religiosas, en las cuales, hasta la fecha, están involucradas las tradiciones folklóricas aborígenes, incluyendo el vestido, las lenguas, la música con sus instrumentos autóctonos y teniendo como fondo, en algunas rancherías, su típica vivienda vernácula.

Al entrar a las naves del templo descubrimos cómo el colorido de la forma de vida de este poblado indígena, así como la exuberancia de la vegetación que los rodea se convierten en hábil talla de rico colorido con efectos de luz y sombra por la presencia del lujoso laminado de oro en esculturas envueltas en ramas y flores.

Así nace el idioma del arte mestizo, a través del cual, el nativo, como en todos los tiempos, y como el más distinguido teólogo, usa su admirable capacidad de interpretar los conceptos religiosos y estéticos cristianos y, con la guía de su maestro, el misionero franciscano, crea los retratos de santos e imágenes dentro de un orden donde el arte se convierte en el medio a través del cual la divinidad habla con sus fieles.

Los nueve altares de San Francisco, el púlpito, los candelabros y el hoy restaurado bautisterio, hacen de este conjunto la más significativa expresión del barroco popular en Panamá. Al sur, en el área del presbiterio, se encuentran: el altar de La Pasión-, el increíble altar mayor dedicado a San Francisco con sus 480 piezas exquisitamente talladas, doradas y policromadas y el altar de La Purísima. A la entrada, por la puerta oeste, está situado el altar de San Antonio; le sigue el altar de la Virgen del Carmen y para terminar se encuentra el altar de San José. Entrando por la puerta este se ubica el altar dedicado a las Ánimas del Purgatorio; le sigue el de la Virgen del Rosario y cierra la secuencia de los altares con el de Santa Bárbara, único retablo que posee puertas pintadas en ambos lados describiendo la historia de la Santa.

El púlpito es de madera de cedro y se localiza en la nave central entre los altares de Santa Bárbara y la Virgen del Rosario. Llama la atención la base o columna sobre la cual se sostiene la tribuna por ser una cariátide o indiátide, por sus facciones de chola, envuelta en hojas de acanto y flores.

La capilla Bautismal hace esquina entre la puerta central y la puerta este. Dentro de ella hay una espectacular pila bautismal tallada en piedra con la fecha esculpida de 1727. En un nicho, dentro de esta capilla, se encuentra una talla en madera de San Juan bautizando a Jesús con sus pies dentro de un río.

Hace un par de siglos capital del Ducado de Veraguas, San Francisco de la Montaña fue fundado formalmente en 1621 por el sacerdote Gaspar Rodríguez y Valderas, aunque la verdadera fecha de su origen se ha perdido para siempre. Región muy rica en el oro codiciado por los españoles que se acercaron al sitio en 1501 y que durante más de cien años fueron derrotados una y otra vez en batallas que jamás serán contadas y de las que sólo quedan los nombres legendarios que se han repetido por generaciones, como ese del jamás vencido cacique Urracá.

Resultado del encuentro entre América y Europa, ubicado en la provincia en la que nacieron algunas de las tradiciones que nos definen hoy como nación, conserva un rico legado indígena y español: altares churriguerescos en la iglesia desde los que nos observan infinidad de rostros indígenas tallados hace más de trescientos años; sofisticados quesos y tradicionales postres en los que los frutos más autóctonos son mezclados de forma original con las especias más exóticas; amplios ríos cuyas aguas todavía llevan el oro que lavan de las montañas en las que nacen; y una historia que se escucha, si se presta suficiente atención, en las formaciones rocosas en los balnearios, en las esquinas dormidas del pueblo colonial, en el murmullo del viento que pasa y deja una huella imborrable.

Durante muchos años se ha especulado sobre las razones que llevaron a los colonizadores españoles a construir un templo tan elaborado en un poblado tan remoto.

En su momento, la doctora Reina Torres de Arauz llamó a esta iglesia “un prodigio de manifestación estética y fe cristiana” y se preguntaba “cómo era posible que se hubiera producido en este apartado rincón de la geografía istmeña”.

Hay quienes aseguran que en realidad no es una iglesia, sino una capilla privada construida en los terrenos de un rico hacendado. Pero la verdad es que hay numerosos testimonios escritos que explican perfectamente la razón de ser de esta iglesia.

Aunque en el año 1937 la iglesia fue nombrada “Monumento Nacional” y se realizaron algunos esfuerzos por conservarla, reconstruyéndose algunas de sus ya ruinosas paredes, las obras no estuvieron bien hechas y, en la madrugada del 2 al 3 de noviembre del año 1944, la torre del campanario se derrumbó. El resto de la iglesia hubiera seguido el mismo triste destino, de no haber sido por la intervención de la doctora Reina Torres de Araúz, que se esforzó por la restauración de la misma.

Parte de esto nos contó amablemente una joven que sirve de guía y explica una a una las obras talladas y pintadas en la capilla. Cada imagen que llamaba nuestra atención era explicada pacientemente por la joven, quien nos contó que la iglesia aún sigue usándose para algunas misas, lo cual es peligroso e inaudito pues esto produce un desgaste del patrimonio.

Nos habló acerca de una pintura que fue robada hace más de 30 años y aún no ha sido recuperada, pero guardan el espacio intacto por si algún día la recuperan.

Al contemplar el maravilloso ejemplo de arte barroco popular americano constituido por el conjunto de altares, retablos y púlpito de la pequeña iglesia del siglo XVIII, uno no puede menos que preguntarse cómo fue posible que se produjera en este apartado rincón de la geografía istmeña tal prodigio de manifestación estética y de fe cristiana. Hoy, recuperados los altares para nuestro patrimonio histórico, nos quedan como testimonio de ese estilo de vida, que aquí en América adquirió tonalidades de indigenismo y criollismo.

De esta forma, el templo se convierte en un verdadero relicario por las joyas que guarda. Aquí la sensibilidad aborigen quedó marcada en hondos caracteres sobre los moldes del barroco español, como productos se un autentico mestizaje artístico.

No esperes más para conocer los patrimonios y monumentos de tu país. Es injusto que al entrar a un lugar histórico, uno se tope más con extranjeros que con nativos.

Tomate tu tiempo, saca el momento para viajar un poquito más allá y dar fe de que todo esto existe, de que la historia está plegada aún en las paredes de un lugar tan mágico como la Iglesia de San Francisco de la Montaña.

Horarios para visitar este monumento: 10:00 A.m. a 6:00 P.m. Martes a Domingo
Casa Cural: Tel. 954.21.41

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Santa Fe de Veraguas

16La verdad es que en estas fiestas patrias buscaba tranquilidad, algún lugar de esos donde nadie te conoce, en donde solo la brisa te acompaña y el cantar de las aves te despierta: Santa Fe de Veraguas.

Como siempre, es mejor tomar nota desde antes de llegar al sitio, averigué los lugares de alojamiento que tiene este poblado entre los que pude encontrar varios a escoger a precios muy módicos, pero nos decidimos por uno en el centro y perfecto para desplazarse: Hotel Santa Fe. El trato fue bueno, habitaciones muy limpias, baños limpios, pero sin televisión, el aire acondicionado no fue importante pues aquí el clima es perfecto.

En cuanto a la manera de llegar, hay variadas: en caso de ir en auto tienes dos opciones para llegar a Santa Fe, la primera es entrando por la comunidad del Jaguito en Coclé (10 minutos luego de pasar Aguadulce), pasas por Calobre y te desvías hacia San Francisco de la Montaña, después de allí hay una sola carretera para llegar hasta Santa Fe.

La otra opción es manejar hasta Santiago y luego tomar la Avenida Polidoro Pinzón que esta a la derecha antes del puente vehicular. De allí hasta Santa Fe son aproximadamente 57 kilómetros de carretera por la cual también se pasa por San Francisco de la Montaña. En cualquiera de las dos opciones las vistas en el camino son verdaderamente espectaculares.

Puente sobre el Río Santa María

En caso de hacer el viaje en autobús la manera más fácil es tomar un Santiago- Panamá en la terminal de autobuses de Albrook y llegar hasta la terminal de buses de Santiago y allí tomar otro autobús o “chiva” que te llevará hasta Santa Fe, en este caso las chivas son muy cómodas. El horario de autobuses en Santa Fe es de 5:00 AM a 7:00 PM.

El problema con esto es que al llegar al poblado, es muy difícil desplazarse de un lugar a otro sin auto, a menos que lo hagas en taxis pues las distancias de un lugar a otro son un poco lejanas y Santa Fe tiene muchísimas esferas por recorrer, pero en todo caso no hay que desanimarse, estando allá puedes tomar algún transporte local que te lleva a diferentes sitios de interés, además tienen su propia terminal de autobuses muy bonita y adecuada, con asientos para esperar.

Luego de aproximadamente una hora y media de carretera con paisajes dotados de hermosura, después de haber pasado los vetustos puentes sobre el río Gatú y el célebre río Santa María, es increíble encontrar un lugar tan completo como este. Hay restaurantes, sobre todo de la cooperativa ” la Esperanza de los Campesinos”, al igual que algunos mini súper de la misma cooperativa, entre muchos otros.

Estatua del Padre GallegosHay un mercado en donde se pueden adquirir frutas de la temporada, artesanías muy baratas al igual que sombreros pintados o típicos en precios muy módicos, a decir verdad, los más baratos que he visto. Tienen una diversidad de canastas de paja, bolsas de henequén, vestidos Ngabe-Buglé, y un sin fin de artículos interesantes. Lo único con lo que tuvimos un poco de problema encontrar fue hielo, pues algunas veces el agua en el lugar esta un poco sucia y las tiendas se abstienen de venderlo, la que lo distribuye mayormente es una de asiáticos llamado mini súper Santa Fe, a la entrada del pueblo.

Santa Fe fue uno de los primeros pueblos que se fundaron en el Istmo de Panamá. Su historia comienza cuando el Capitán  Francisco Vázquez estableció varias ciudades de la provincia de Veraguas en 1558, incluyendo a Santa Fe.

Este distrito está conformado por ocho corregimientos: Santa Fe, Calovébora, El Alto, El Cuay, El Pantano, Gatuncito, Río Luis y Rubén Cantú. El clima del distrito de Santa Fe es de tipo subtropical. Entre los puntos más altos del distrito de Santa Fe se destacan el Cerro Negro con una altitud de 1518 metros sobre el nivel del mar y Cerro Chicu con una altura de 1764 msnm. Tiene una superficie total de 1921 Km ²

Parque de Santa Fe

La popularidad de Santa Fe, nacional e internacionalmente, se debe al trabajo organizativo de los campesinos por el SACERDOTE JESÚS HÉCTOR GALLEGO, quien desapareció en el año 1971, por el Organismo de Seguridad de Inteligencia Militar de los Estados Unidos, con la complicidad de Militares Panameños y lugareños de Santa Fe, por el solo hecho de organizar a los campesinos, para que fueran protagonistas de su propio desarrollo y lucharan contra las injusticias.

El Padre Héctor Gallegos inició su campaña para organizar a los campesinos, para que fueran conscientes de su fuerza y fueran mejor pagados en su trabajo y en el precio de sus productos. Con estas personas trabajó en los campos, durmió en sus chozas, compartió  sus preocupaciones y al fin llegó a ser como uno de ellos.  Esta campaña le costó la vida cuando el 9 de junio de 1971, durante el gobierno de Omar Torrijos Herrera, mientras Gallegos dormía en la casa de un amigo, se presentaron tres hombres en un jeep, sacaron al sacerdote, le golpearon y le secuestraron.

Desde ese día no se tiene noticia de él. Dejó sin embargo, la gran “Cooperativa Padre Héctor Gallegos” que él bautizó con el nombre de “La Esperanza de los Campesinos” y hasta el día de hoy ésta cooperativa sigue en pie. Su “Tienda Cooperativa” es la más surtida del lugar. Está dirigida por indígenas y campesinos.

TUTE

Los guías locales han establecido senderos que llevan al visitante por el Cerro Tute y se ha construído una calle que llega casi a la cima. Fue instituido como Sitio Histórico Turístico, por el Consejo Municipal de Santa Fe, en 1993.

En nuestra visita a Santa Fe, fue un poco difícil visitar ciertos lugares pues fuimos en plena época de invierno, pero sí pudimos tomar nota de cómo llegar a los lugares y anotar ciertos nuevos puntos de interés para el ecoturismo.

Ya habíamos escuchado que Santa Fe es hogar de café orgánico, es café de altura con un excelente aroma y sabor, pero probarlo fue distinto. Estando bajo la frescura de un ambiente encantador, en una cantina que en las mañanas funciona como fonda, en el bello poblado de Alto de Piedra, pedimos un Café Tute y juro en alto que es el mejor café que he probado en mi vida. No se si fue el momento tan mágico y fantástico, con una décima en el fondo del recinto que me hizo pedir uno tras otro, pero no puedo desestimar el sabor perfecto de este café tan sabroso.

Café Tute es una pequeña fábrica administrada también por la cooperativa local de agricultores. La cooperativa ofrece excursión a la granja orgánica local de café, seguido por una visita guiada de la planta de procesamiento de café.  Café El Tute es 100% arábigo. Ir a Santa Fe y no probarlo es un pecado, y de paso comprarlo pues en la ciudad de Panamá es muy raro encontrarlo, aunque se comercializa actualmente en países de Europa y Estados Unidos. La Cooperativa de Servicios Múltiples La Esperanza de los Campesinos también exporta su café a Alemania, pero además pretende incursionar en otros mercados extranjeros y ahora busca expandir su mercado a países como Italia, Francia y Japón; es increíble como lo que empezó con la cooperativa de la mano del desaparecido sacerdote Héctor Gallego haya llegado tan lejos. En aquella época sólo había 25 pequeños productores como socios.

Es importante enfatizar, que en Santa Fe existe una gran producción de orquídeas, tanto es así, que, desde hace varios años, se realiza en el mes de agosto una Exposición y Competencia de Orquídeas a la que asisten expositores, concursantes, vendedores y público en general, provenientes de todo el país.  Allí se han identificado más de 300 diferentes familias y variedades, aunque aún faltan muchas por ser descubiertas, lo que se debe a que esta región montañosa mantiene bosques intactos, donde las orquídeas se han mantenido vírgenes. En Panamá se han identificado unas mil 500 variedades de orquídeas, aspecto que deja muy bien colocado a Santa Fe, ya que el 30% de la población nacional de orquídeas habita en esta zona montañosa. Este distrito tiene la población más grande de orquídeas de la variedad Pleurotallis, cuyas flores tienen forma de insecto. A ella se suman las Miltoniosis, cuyos pétalos asemejan mariposas. Asimismo, se ha descubierto una especie de orquídea que se creía extinta, la Hepidendrum escaligarii. Además, se han encontrado especies desconocidas, que aún no han sido registradas por los científicos.

En Santa Fe existen 22 orquidearios, instalados en patios de viviendas, donde los cultores le dedican tiempo y devoción para que las especies puedan florecer. Tuvimos la oportunidad de visitar uno de estos orquidearios que queda detrás de la casa de una Sra. de nombre Berta de Castrellón, directora de organización de la actividad ferial, amante de las aves y orquídeas, con la cual me sentí muy identificada. Su esposo nos invitó a pasar muy amablemente a ver las diferentes orquídeas que tienen, en este caso pocas, pero nos invitó a la feria de Agosto 2011 en donde ellos exponen. Este orquideario queda en la carretera que te lleva al puente sobre el río Bulabá y hay un letrero que indica su entrada. Curiosamente no nos cobraron, pero suponemos que cuando hay más producción de orquídeas quizás requieran una colaboración. Para la dirección también pueden llamar al 9540910.

Entre otros de los lugares que visitamos estuvo Alto de Piedra y el corregimiento de El Pantano. Luego de pasar el puente sobre el río Bulabá, unos 5 minutos más de carretera y vimos una entrada hacia una vía de increíble lodo que indicaba que por allí se llega a “Sendero el Chilagre, Vía a Narices, bosque de Chilagres, ríos y petroglifos.” Instintivamente entramos por el camino de lodo y caminamos más de un kilómetro entre lomas y la tierra nos llegaba hasta las rodillas, fue entonces cuando me fui de acelerada, me tropecé con una piedra, vi estrellitas y hasta ahora aún cargo con la cicatriz de la caída. Fue un susto pues me salio bastante sangre y caminar para atrás era un suplicio, cuando de pronto surgió de entre el camino de fango y piedras el transporte indicado y soñado, una “gallinera” como le llaman algunos. Esos medios de transporte de las comunidades en donde los autobuses normales no llegan. Una camioneta doble cabina modificada con asientos para los pobladores y una tracción de otro mundo.

Subimos al transporte y nos agarramos fuerte para poder mantenernos en el mismo lugar donde nos habíamos sentado; entre lomas, la misma sierra, verdes azulados, un cielo azul opaco, naranjas regadas por los suelos de las casas del camino y miradas sorprendidas dentro del volquete, llegamos a el Pantano en donde se bajaron la mayoría de las personas. Al ir saliendo nos quedamos sorprendidos al ver un río de aguas verdes cristalinas que corría debajo de un puente rural, un poco fuera de lugar pues con el invierno es muy raro ver los ríos limpios.

En el Pantano

Me fui a limpiar la herida al hotel y salimos nuevamente, pero esta vez fue a otra parte del Pantano. Justo luego de pasar el puente Bulaba entramos por una carretera empinada hacia la izquierda y encontramos la entrada hacia el famoso Salto Bermejo que visitaremos sin falta en verano. Fuimos hasta donde termina la carretera asfaltada, donde también hay una vista espectacular de la montaña y donde pudimos observar muchas aves.

Igualmente se encuentran muchos lugares que sirven como balneario:

  • Las Trancas, en el río Santa María;
  • Los chorros del río La Llanita, que cuentan que es una masa de agua que cae en chorros y piscinas naturales a casi 100 metros de altura;
  • Los senderos de Alto de Piedra también te llevan a tres espléndidos chorros y cascadas;
  • El Salto de Venado en la comunidad de el Salto, que se disfruta sobre todo en los meses de invierno con algo de peligrosidad;
  • Para relajarse y disfrutar de la belleza circundante, puede alquilar un flotador por $5,00, y flotar por el Rio Bulabá hasta que se una al río Santa María. El viaje dura cerca de 75 minutos y pasa por una serie de rápidos, donde termina en el río Santa María. Para la renta del flotador, puede contactar a William Abrego (teléfono. 6583 5944);
  • El Salto el Bermejo en el río Bermejo, de unos 10 kilómetros de longitud que nace sobre la Cordillera Central y termina en el Río Bulabá y su avance forma al pasar hermosas caídas de aguas, muchas sin nombre e inexploradas.

Los más osados pueden subir mil 375 metros hasta llegar al cerro Mariposa, en donde se pueden observar tucanes, pavas negras, entre otros animales del lugar.

Hay caminatas cortas de dos horas y media en las que se llega a las tres cascadas de Alto de Piedra. La antigua mina de oro de Cocuyo es otro punto propicio para visitar, aunque dicen que este recorrido podría tomar hasta una semana.

No cabe duda de que Santa Fe es un lugar repleto de chorros, cascadas, saltos y balnearios donde el visitante puede divertirse y disfrutar plenamente de la naturaleza, cuidando sus beneficios y respetándola, más aún cuando es en este lugar en donde se tiene uno de los parque nacionales más importantes del país.

Y es que el Parque Nacional Santa Fe fue establecido mediante el Decreto Ejecutivo Nº 147 de 11 de diciembre de 2001, publicado en Gaceta Oficial No. 24,460 de 28 de diciembre de 2001 y ocupa una superficie de 72,269.75 hectáreas. Aproximadamente un 28.48% de la superficie del parque pertenece a la vertiente Pacífica y un 71.52% a la vertiente del Caribe. Esta área protegida se encuentra ubicada en las tierras altas de la cordillera central del país, dentro de los distritos de Santa Fe y Calobre en la provincia de Veraguas.

La elevación máxima en un cerro sin nombre que  alcanza  los 1,964 msnm. El bosque siempre verde es el más extenso del Parque Nacional Santa Fe, ocupa más del 95 % de la superficie. Habitualmente tiene un dosel compuesto por especies de árboles que increíblemente permanecen con hojas todo el año aunque hay algunos individuos de especies comunes mezclados con las especies de hoja indestructible. Algunas de las especies del área son: amarillo (Terminalia amazonia), ollito (Eschweilera sp.), bateo (Carapa guianensi), mollejo (Virola sp.), guabo (Inga sp.) y berbacillo (Brosimum sp.). En cuanto a las flores cabe destacar, como mencioné anteriormente, la familia de las orquídeas, especies de gran importancia para la conservación.

En el parque predomina un clima frío y vastas zonas de bosques vírgenes, en donde se reproduce el 51.3% de los mamíferos del país, algunos considerados en peligro de extinción como el jaguar (Panthera onca), macho de monte (Tapirus baidii) y el manatí (Trichechus manatus). También habitan en el parque mamíferos tales como el tapir (Tapirus bairdii), el puma (Puma concolor), algunos como la nutria (Lontra longicaudis), el murciélago (Hylonycteris underwoodi) y  el mono cariblanco (Cebas capucinus).

Cerro Sapo

Existe un gran número de especies de aves, cerca de unas 300, que potencialmente se encuentran habitando el área, ya que son especies características de la cordillera central. Entre las migratorias altitudinales registradas en el campo cabe destacar al ave-sombrilla cuellinuda (Cephalopterus glabricollis) y el querido campanero tricarunculado (Procnias tricarunculata) muy frágiles a la alteración de su hábitat. Además, éste es uno de los pocos sitios de donde se tienen registros de la estrella garganta ardiente (Selasphorus ardens), una ave endémica nacional, localizada exclusivamente en las tierras altas del occidente de Panamá, lo que la hace extremadamente susceptible a la destrucción de bosques en esta región. La presencia de esta ave trajo como consecuencia el nombramiento del cerro Tute como una de las áreas claves para la conservación de aves.

Así mismo se pueden apreciar el Trogón Colirrayado, el Carpintero Olividorado, el Picochato Gorgiblanco, otras aves posibles son: la Tangara de Monte Gorgiamarilla, el Mosquerito Cejirrufo, la Tangara de Monte Común, la Parula Tropical, el Gavilán Barreteado y los colibríes Colicerda Verde, Gorra Nivosa y Pico de Hoz Puntiblanco. Las noches en Alto de Piedra son bastante amenas: el Búho Blanquinegro y el Nictibio Común nos esperan.

También es importante resaltar que se observan 12 especies migratorias norteñas, una especie migratoria sureña y ocho migratorias altitudinales.

Por otro lado, sitios como Alto de Piedra y el cerro San Antonio son comparables a estudios realizados en las tierras altas de Chiriquí.

En cuanto a los reptiles observados en el área son muy importantes las especies endémicas regionales, como la rana de cristal (Cochranella spinosa) y la rana (Pristimantis pardalis), aunque también podemos observar a la iguana verde (Iguana iguana), la salamandra (Bolitoglossa colonnea), la rana arlequín (Atelopus varius) y la boa (Boa constrictor).

El área protegida incluye la parte alta de la cuenca del río Santa María y toda la zona montañosa de la parte norte de la provincia de Veraguas. Incluye el área que se extiende desde el límite con la Comarca Ngabe-Buglé hasta el límite con las provincias de Colón y Coclé teniendo conexión con el Parque Nacional Omar Torrijos Herrera. Existen seis cuencas hidrográficas, entre los ríos principales se encuentran: Santa María, San Pablo y San Pedro, que desembocan en el océano Pacífico. Otros son el Caté, Belén, Calovébora, Concepción, Caloveborita, Luis, Grande y Veraguas, que desembocan en el Atlántico.

Además de todo lo mencionado, en el pueblo de Santa Fe se respira un aire de mucha paz, fraternidad, y una creencia muy apegada al catolicismo que incluye una linda iglesia en todo el centro del pueblo y justo en frente una cancha en donde los jóvenes pasan las tardes haciendo deportes. Hay varios parques en donde las personas acostumbran conversar pacíficamente y disfrutando del clima perfecto. Incluso pudimos notar un parquecito diminuto dedicado a la “heroica gesta del Cerro Tute”.

En el centro del pueblo admiramos la estatua del padre Gallegos que paso a ser un líder entre los campesinos de Santa Fe.

Hay varios lugares para hospedarse con precios por debajo de los 25 dólares por noche: Hotel el Sol de Santa Fe, Hostal la Quia, Hotel Tierra Libre, Cabañas Alto De Piedra (las cuales recomiendo por la belleza de sus alrededores, puede llamar al número 68731348 Sra. Alcida Solís).

Entre los restaurantes están varios de la Cooperativa la Esperanza de los Campesinos en donde la comida es criolla, muy buena y a precios realmente módicos por debajo de los 2.00 dólares, también está el hotel Tierra Libre en donde ofrecen emparedados y picadas, además Rostizados Pollos Kimberly y la Pizzería que se encuentra detrás de la Terminal.

Nos despedimos de este fantástico lugar con un poco de tristeza, pero siempre con la esperanza de que tendremos vida para poder regresar y poder visitar en el próximo viaje las fascinantes cascadas , chorros y cerros que guardan tantos secretos y leyendas, para poder publicarlas y que cada día más gente se enamore de las montañas, del verde de Panamá… Y que se sientan inspirados a cuidar de ella.

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Trip Enlodados: Camping en la Laguna de San Carlos/ Ascenso al Cerro Picacho con estudiantes de la Universidad de Panamá.

camping con la gente de la U 025

Hace poco estuvimos haciendo camping en la Laguna de San Carlos con los estudiantes de la escuela de Turismo Geográfico Ecológico de la Universidad de Panamá. Fue gratificante ver la emoción y la organización de la actividad, pues todo salio como lo esperábamos.

Lo primero que hicimos fue limpiar un poco el lugar pues la hierba estaba crecida, luego armamos las carpas y las aseguramos. Esta vez el precio por carpa fue de 5.00 dólares y la entrada a la laguna  fue de 0.50 centavos por estudiante.

Nos fuimos a subir el cerro y empezamos el ascenso muy bien, algunas jóvenes tuvieron agotamiento, pero todos disfrutamos del ambiente y de la naturaleza. Fue muy gratificante al llegar a la cima pues todos estuvieron felices y conformes con la encantadora vista desde el Cerro Picacho, incluso llegamos a una cima en la que Enlodados nunca había estado a 1,082.33 del Picacho, que es su altura máxima. Al parecer, este cerro cada vez se pone más interesante. La neblina nos cubrió y tuvimos que bajar precipitados con miedo de que cayera algo de lluvia.

Al ir bajando el cerro, más de la mitad del grupo se resbaló, las caídas formaron parte de la diversión del momento.

Al bajar del cerro nos dimos tremendo baño en las aguas frías de la laguna, fue placentero, como cada vez que se visita este hermoso lugar. A medida que atardecía la neblina cubría más la laguna, llegó un momento en que nos cubrió por completo.

Después cocinamos una deliciosa cena conformada de pollo guisado, arroz con vegetales, plátanos, chorizos, ensalada, en fin, una algarabía de enseres que compartimos.

Luego de contar los tradicionales cuentos de miedo, cada quien se fue a su carpa a dormir con el miedo aún en la piel. A la mañana siguiente cada quien tomo su desayuno y luego tuvimos partidas de fútbol e incluso voleibol en la laguna.

Ya luego nos despedimos de la gente de la laguna y nos encaminamos a playa Corona a pasar la tarde.

Todo salio a la perfección, todos nos divertimos, compartimos y muchos tomaron experiencia para los próximos camping, que de seguro serán muchos.

Parque Nacional Omar Torrijos Herrera G.D., El Copé, Coclé

Hace poco nos dimos una vuelta por el Parque Nacional General de División Omar Torrijos Herrera (PNGDOTH) ubicado en las tierras altas de la Cordillera Central, en el distrito de la Pintada, comunidad del Copé en la provincia de Coclé. La entrada hacia este parque nacional se ubica unos minutos después de pasar por Penonomé, antes de llegar al Caño, entrando por la comunidad de la Candelaria.

Este parque nacional fue creado mediante Decreto Ejecutivo Número 18 del 31 de julio de 1986 y está incluído dentro del Sistema Nacional de áreas Protegidas para preservar la gran diversidad biológica de la región central panameña o Cordillera Central. El Parque lleva el nombre del General Omar Torrijos ya que dentro del mismo se encuentra el Cerro Marta, en cual se estrelló la avioneta en el accidente que ocasionó la muerte del General. Se encuentra dentro del Corredor Biológico Mesoamericano.

Se llega a través de la carretera que parte de la vía  interamericana (kilómetro 167) en la entrada de la comunidad de la Candelaria, arribando a la  comunidad de El Copé. Este recorrido tiene unos 28 kilómetros. Luego se toma  al norte por un camino de tierra, para llegar a la población de Barrigón.  De esta comunidad parte un camino empedrado de 5 kilómetro que asciende hasta el cerro el Calvario, dentro  del parque.

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Los buses solo llegan al Chorro las Yayas, enclavado en las faldas del parque. Pero es fácil contactar con los taxistas para que lo suban hasta el parque. Generalmente por un costo de 15$ el viaje.

La temperatura es muy agradable y tiene rangos de medición que oscilan entre los 18 y 29 grados centígrados.

Cubre una extensión de 25,275 hectáreas y dentro de sus límites se encuentran unas siete comunidades: El Potroso, Las Peñitas, El Tigre, La Rica, El Guabal, Río Blanco y Caño Sucio y en sus alrededores se encuentran los poblados de El Copé, Barrigón, La Junta, Cerro Hueco, Belencillo, Aguas Blancas, Bateales y Palmarazo. Protege las cabeceras de los ríos más importantes de la región coclesana, tales como el río San Juan, el río Belén y el Concepción en la vertiente caribeña; y el río Grande, el río Marta y el río Nombre de Dios en la vertiente del Pacífico. En su territorio sobresalen los cerros Negro (1408 metros), Peña Blanca (1314 metros), Blanco (1192 metros) y Marta (1046 metros).

En el año de 1986 la superficie del parque era de seis mil hectáreas, sin embargo, la misma fue ampliada según criterios ecológicos en el año de 1996 a 25,275 hectáreas, con el propósito de incorporar tierras que requerían su conservación y protección.

Al llegar a el Copé vimos una primera entrada hacia el Cerro Marta, seguimos y encontramos otra entrada directo al parque. Fue un recorrido de media hora hasta llegar al Centro de Visitantes. Pasamos por la comunidad de Barrigón, también por la entrada del Chorro las Yayas, incluso pasamos sobre un riachuelo y unos minutos después estábamos en la oficina de control y monitoreo ambiental de Anam, en la cual no había nadie y nos tomamos el beneplácito de seguir, algo un poco extraño pues en este puesto laboran dos guardaparques por turno y es allí en donde debe hacerse el pago de la entrada, la cual es de 3 dólares por adulto panameño y 5 dólares si eres extranjero.

Desde ahí la vista era impresionante, a lo lejos se veía lo recorrido desde la carretera Interamericana, bastas montañas a lo lejos, un paisaje increíble en donde se puede apreciar casi todo el Copé y hasta el Océano Pacífico.

Minutos después nos topamos con el responsable de Anam y nos dio el permiso de seguir, nos explicó de dejar el auto en el centro de visitantes en caso de subir a el Cerro el Calvario.

Hicimos lo establecido y empezamos la caminata hacia El Calvario, que bien tiene su nombre pues subíamos y subíamos, nos demoramos aproximadamente 30 minutos hasta llegar a la cima. En el camino pudimos disfrutar de la diversidad de flora del parque. El cerro se encuentra a 912 metros sobre el nivel del mar y es unos de los pocos sitios en el mundo en donde en días claros se pueden observar los dos mares, y efectivamente tuvimos la dicha de ver el Mar Caribe y el Océano Pacífico, como nos habían advertido,  ya que el sol era incandescente y radiante.

Fue impresionante ver la majestuosidad del Cerro Marta, en el cual cayó la avioneta en donde murió el general Omar Torrijos, motivo por el cual el parque lleva su nombre. A lo lejos vislumbramos las comunidades de Coclesito, San Juan de Turbe, Boca de Toabre incluso Coclé del Norte; todo esto confirmado por un profesor de geografía que guiaba estudiantes de Penonomé y con quien tuvimos el placer de conversar en la cima del cerro Calvario.

En la parte más elevada del parque como en el cerro Marta y el Calvario, se desarrollan bosques pluviales montanos bajos y a medida que se desciende están los bosques pluviales y húmedos premontano, y los muy húmedos tropicales. Se cree que de las 2 mil 604 especies de plantas y 552 especies de vertebrados terrestres que se encuentran en la provincia, la mayoría tiene presencia en el parque. Existe también una gran diversidad de especies endémicas o propias de estos bosques, unas 60 muestras han sido recolectadas dentro de la zona montañosa. Según los estudios científicos, el área se originó por la alternancia de las actividades volcánicas y sedimentarias que caracterizaron la formación del istmo de Panamá.

El propósito primordial del parque es proteger una gran extensión de ríos y bosques principales para preservar el ecosistema del país. Existen cuatro zonas de vida: el bosque húmedo tropical, bosque muy húmedo tropical, bosque húmedo premontano y bosque húmedo premontano bajo. Se observan exuberantes helechos arbóreos, palmas, enormes árboles como el guayacán y jacaranda, musgos, muchas orquídeas, bromelias, heliconias, anturios, algunas plantas endémicas como la selaginelas, scheffleras, la emblemática monolena glabra y el árbol copé, nativo del parque y por el cual lleva su nombre. También posee  la planta carnívora (Drossera capillaris) característica de los suelos pobres en nutrientes, y un sinnúmero de otras plantas endémicas del lugar. En el parque se encuentra la única zamia epifita en el mundo, la cual crece sobre árboles y sus hojas asemejan a la de una palma.

Solo en aves se pueden observar aproximadamente 350 especies diferentes, el colibrí pico de hoz, por su diseminada presencia, ha sido escogido como ave símbolo del parque, aquí se puede ver el Ave Sombrilla (Cephalopterus glabricollis) que según la actualización de la Lista Roja de la UICN de Especies Amenazadas, de su estatus de ‘Vulnerable’ pasó a estar ‘En Peligro’; anualmente los observadores de aves se dirigen a este parque en busca de poderse encontrar con esta ave e incluirla en su lista de “lifebirds”.

Entre su flora sobresalen las epifitas; también los legendarios y vetustos helechos arbóreos, que son conocidos como verdaderos fósiles vivientes. El parque debe ser un modelo de conservación porque allí hay referencia de la vida animal y vegetal que no existe en ningún otro sitio del mundo.

Al bajar del Calvario, toqué alguna planta con pelos urticantes y se me metieron en los dedos; después de sacarlos seguimos caminando y fuimos a conocer el centro de visitantes en donde pagamos los 3 dólares de ingreso al parque. El centro de visitantes es genial, tiene basta información, un pequeño mirador, algunas sillas y mesas, un patio perfecto para acampar y del mismo centro de visitantes se empiezan los famosos senderos del parque hechos por la Anam.

Sin duda nos fuimos a recorrerlos, encontramos varios senderos: Sendero de la Rana de 2km que puede ser extenuante para una persona con malas condiciones físicas; el Sendero los Helechos de 800 metros es el más accesible para todo tipo de personas incluyendo niños, El Sendero del Cuerpo de Paz es el más largo y el que requiere de mejores condiciones físicas de parte del visitante ya que consta de dos horas de caminata aproximadamente lo cual puede convertirse en más tiempo en malas condiciones.

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En el parque tenemos un buen amigo, el guardaparque Andrés con quien nos hemos sentado a conversar por horas sobre las vicisitudes que conlleva trabajar en un parque nacional. Nos contó que hay personas que se han desviado de los caminos y han ido a parar caminando a comunidades como La Rica, a varios kilómetros del parque. Es importante que cuando visites este parque y quieras recorrer sus senderos, si no te sientes seguro, pidas a un guardaparque que te acompañe, y si vas de gira científica y te vas a demorar más, también avises a los guardaparques para que estén conscientes de que demoraras, ya que el parque es grande. Otro punto a recalcar es no alejarse de los senderos que ya están marcados.

Personalmente hemos tenido la dicha de ver un jaguarundi detrás de la cabaña, también zarigüeya gris, ardillas enanas (Microsciurus sp).

Nos retiramos del centro de visitantes y fuimos directo al Chorro las Yayas a relajarnos bajo sus frías aguas en perfecta.

Como leen y ven, el Parque Nacional Omar Torrijos posee todo en un solo lugar, es un sitio excepcional, lleno de vida silvestre, muy bien conservado, y esperando ser visitado.

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